Fundamentación pedagógica
- Área: Prácticas del Lenguaje (Nivel Primario, Provincia de Buenos Aires)El Diseño Curricular propone la lectura de leyendas, mitos y relatos tradicionales como parte de la formación literaria de los estudiantes. Estas actividades permiten:
Reconocer la función social y cultural de las leyendas.
Reflexionar sobre el lenguaje (uso de adjetivos, construcción de personajes).
Desarrollar la escritura de argumentos y resúmenes.
Promover la oralidad a través del debate y la puesta en común.
Propósitos centrales según el Diseño Curricular:
Favorecer la comprensión lectora en textos narrativos.
Estimular la producción escrita con sentido y coherencia.
Valorar el patrimonio cultural y las tradiciones locales
Atuel aún llora
Atuel. Lindo nombre, ¿verdad?
Para algunos, significa “lamentos o quejidos”.
Para otros, “tierra de las almas o de los espíritus”.
Porque eso es hoy Atuel: un espíritu que corre libre, fresco, claro; pero que también llora. Que da vida, mantiene verde y fértil lo que hasta hace unos cinco siglos era total desierto, contra el cual hubo que luchar a brazo partido. Aunque también se lamenta.
¿Por qué aún llora Atuel? ¿Por qué se lamenta?
La tribu del cacique Talú era una de las tantas que ocupaban una parte del sur de la actual provincia de Mendoza. Su padre había muerto cuando él era muy jovencito. Igual, Talú asumió el cacicazgo con responsabilidad y cumplió dando muestras de sabiduría y respeto.
Pacífica y feliz era aquella gente. Pero de un día al otro, como si las deidades se hubieran encaprichado contra ellos, una gran sequía comenzó a azotar la región. Los primeros en morir fueron los más débiles: ancianos y niños. Siguieron las mujeres.
Talú era muy decidido. Ante tanta fatalidad, organizó a sus hombres y partió con ellos en busca de agua para salvar a los suyos. Y así, se aventuraron sin éxito en la tierra que exploraban. Pero el sol, lo único imposible, incansable.
Fue en una de estas expediciones que Talú y sus hombres llegaron hasta un valle en el cual se levantaba una cauchá. Ahí vivían un español y su hija, Clara. El blanco, que había conocido al padre de Talú, los recibió, les dio de beber y les permitió descansar a la sombra de su pobre techo.
Con el tiempo, los indios pasaron varias veces por aquella casa, se quedaban un tiempito y seguían camino tras el agua, que parecía esquivarlos.
Fue en ese ir y venir que Talú y Clara comenzaron a quererse.
Por supuesto, al español la idea no le gustó para nada. Pero confiaba en la cordura de la muchacha; y hacía como que no veía el modo en que la cristiana y el indio se miraban; simulaba no oír lo que se decían; ni se preocupaba por el modo en que cambiaba el humor a Clara cuando Talú y los suyos aparecían o se marchaban.
Esto sucedió hasta el día en que Clara decidió marcharse con aquel hombre con el que ya soñaba, dormida o despierta. No sin una inicial resistencia, el español finalmente la dejó partir; se quedó con la espina en la garganta.
Clara era amable y solidaria, pero algo sobrepasó los límites.
Clara llegó a la tribu y fue recibida con respeto. A las mujeres les llamaba la atención su piel pálida, sus ojos azules y su cabello rubio. A la joven, le fascinaba cómo ellas trabajaban al par de sus maridos; el sabor de las comidas que cocinaban; las maravillosas vasijas que hacían surgir de la arcilla. Las miró y pronto fue una más entre todas.
No pasó mucho hasta que Talú la tomó como esposa. Tampoco tardó en nacer un niño. Llegó con los rasgos del padre impresos en la cara, pero con la claridad de su madre en la piel y su azul en la mirada. Lo llamaron Atuel, porque dormía en el río que reposaban las almas de los descendientes de los antiguos. Y así fue como el español, a través de él, fusionándose en su sangre, logró ser inmortal.
Sin embargo, aquel matrimonio del cacique no tuvo festejo: la seguía una sombra de odio. Los indios que no eran suyos, ancianos y mujeres.
Pero faltaba lo peor: el día en que Clara se cruzó con una partida de soldados. Uno de ellos dijo que había sido cautiva por un malón y necesitaba ser ayudada para recuperarse. Les habló de un ataque contra él. De cómo destruyeron sus posesiones y de la resistencia de Clara para evitar ser arrastrada por ese cacique violento, sanguinario.
Convencidos con ese relato, los soldados volvieron al fuerte y se apertrecharon para ir al rescate de la cristiana. Y cobardemente, pues sabían que la comunidad de Talú no usaba armas, los atacaron en medio de la noche.
Fue un combate feroz, con desigualdad de fuerzas. Los hombres de Talú pudieron resistir un poco, pero estaban tan débiles de que el sol los asomara, habían sido vencidos por completo. Muchos, incluido Talú, quedaron tendidos en esa misma tierra que, tan seca, no serviría para sus tumbas.
En medio de la confusión del ataque, Clara pudo escapar. Dejó atrás la aldea en llamas, las viudas aullando por los muertos, los huérfanos sin entender qué sucedía y a pocos hombres agonizando.
Con Atuel en los brazos, se dejó tragar por la noche y siguiendo su instinto se encaminó hacia las montañas. Cuando, al oeste, la cordillera se le presentó como un muro insalvable creyó estar a buena distancia de aquella destrucción. Se dejó caer de rodillas y rogó a las deidades que enviasen agua para salvar a los de la tribu. En medio de su pedido, sufrió por la pérdida de su amado.
Así, de rodillas sobre la tierra seca y pedregosa de un alto cerro, esperó la respuesta. Pero las deidades no parecían querer ayudarla. Desesperada, hizo una ofrenda: su vida y la de Atuel. Pensó que Talú se sentiría orgulloso de que, como esposa del cacique, aquel era su deber.
Pasaron todos los días y ella seguía arrodillada, sin soltar a su hijo. El sol, la sed, el frío de la noche la fueron consumiendo hasta inmovilizarla. Los hombres del monte la hallaron y le dijeron adiós a este mundo que mal los trataba dejando caer una lágrima. Una cada uno.
Aquellas dos gotitas tocaron el suelo y abrieron huequitos. De ellos brotó un tímido surgente. A medida que ganaba la pendiente, fue un tenue cauce que pronto se convirtió en un río que iba pidiendo permiso. Partiendo entre dos cerros, se abrió paso y cuando llegó a la par de la aldea era caudaloso, claro, sonoro.
Las mujeres dieron de beber a sus hijos. Los ancianos agradecieron a los dioses. Los heridos pudieron curarse. Pronto la vida y alegría retornó a la aldea. Y fue recién entonces que todos notaron la ausencia de Clara y el pequeño Atuel. Y comprendieron que aquel milagro era resultado del sacrificio de ambos.
Transcurrió exactamente un año. La noche en que aquel tiempo se cumplió, el río comenzó a sonar a llanto de niño. Por eso, el nuevo cacique reunió a toda la tribu para comunicarles que los dioses le habían informado en sueños que aquel cauce salvador debía llevar el nombre de Atuel: sus aguas lloraban como el hijo de Talú y Clara.
Desde entonces, lo que hasta hoy se llama “río Atuel” se caracteriza por su claridad, como reflejo de la pureza y fidelidad de esa mujer hacia su esposo.
Pero también hasta hoy el río suena a niño llorando. Si se presta atención, dicen algunos, podrá verse al espíritu de Atuel desnudo, yaciendo sobre una cuna, que en realidad es el hueco de una piedra en una de las orillas. De sus ojos brotan lagrimitas. Son de tristeza, por el destino que tuvieron muchos de los de su origen. Pero también, de alegría, por haber dado origen a la fuente que convirtió aquella región en lo que actualmente es: un oasis.
Las leyendas cuentan
Leé el comienzo de la leyenda “Atuel aún llora” hasta que aparezcan dos preguntas. Copiá esas preguntas en tu carpeta.
Leen el título y la introducción de los primeros párrafos. Comenten: ¿de qué tratará la leyenda? ¿Qué intentará explicar?
Luego de leer la leyenda, marquen la respuesta correcta.
□ Cuando Tabal y Clara se emocionaron.
□ Cuando Tabal y Clara se fueron.
□ Cuando murió Atuel.
□ Otro motivo.
Conversen con sus compañeros sobre la respuesta. ¿Pudieron llegar a un acuerdo? ¿Apareció el padre de Clara entre los motivos del problema?
Releé los fragmentos en los que aparece el padre de Clara y subrayá los adjetivos que considerás apropiados para ese personaje.
generoso
traicionero
presumido
tímido
hospitalario
comprensivo
misterioso
cobarde
Subrayá algún fragmento del texto que justifique alguno de los adjetivos elegidos.
Escribí brevemente en tu carpeta el argumento de la leyenda teniendo en cuenta la situación inicial, la muerte de los personajes y la transformación.
Conversen entre todos sobre la frase final de la leyenda, pero también, de alguna manera, por haber dado origen a la fuente que convirtió aquella región en lo que actualmente es: un oasis. ¿Les parece un final feliz? ¿Por qué?
Personajes legendarios
- Marca con una X la opción correcta.La leyenda “Las lágrimas de Atuel” explica el origen de:
☐ un oasis en medio del desierto
☐ un río que todo lo riega
☐ el chico poco de los lagos
☐ el llanto de un lobo
¿Qué hecho sobrenatural ocurre en “Atuel aún llora”?
- Completa la definición con las siguientes palabras: relatos, creencias, anónimos, fabulosos, orígenes.Los legendarios son __________ de un pueblo, que los transmite de generación en generación. Generalmente explican de __________ de algún elemento de la naturaleza.
Uní con flechas según corresponda.
“Atuel aún llora”
“Vos hermanos”
Gran Chaco
Mendoza
Tiempo indeterminado
Seres humanos
Dioses
Buscá en Internet un mapa donde figure el río Atuel y completá la información.
¿Dónde nace? ___________________________
¿Qué provincias recorre? ___________________________
¿Dónde desemboca? ___________________________


